Por fin he reunido el valor suficiente para escribir un diario más, recuerdo los otros diarios que he escrito, cada palabra, cada letra, incluso, ahora, recuerdo faltas de ortografía que deberia haber corregido en su momento, pero en este diario no voy a estar repasando hasta que la luz del astro rey se consuma en su largo sueño, escribiré sobre algo que no quiero recordar, la muerte de mi padre.
Como ya dije en mi anterior diario, mi padre era agricultor, se dedicaba a cuidar de un humilde huerto del que mi madre, mi padre, mi hermano y yo cuidabamos diariamente como si nuestra vida dependiera de ello, porque practicamente dependía de ello, sin el pequeño huerto, yo no habría visto nunca un trozo de pan. Mi padre recurría a medirnos la espalda cuando hacíamos trastadas. Ahora que lo pienso mi padre lo hacía con razón. Mi padre fue con Dios cuando, unos jóvenes, hace, pocos años, volvían de una de sus alocadas fiestas, borrachos y andando dando tumbos, se encontraron con mi padre, que al verlos así, les grito de tal manera, que uno de ellos, decidió propinarle un golpe en su cabeza con la botella, allí, esa noche, mi padre murió.
Vendría bien algún punto y aparte más.
ResponderEliminarMe ha gustado lo de "medir las espaldas", por que la literatura consiste en utilizar el humor y maneras diferentes de decir las cosas.